¿Logrará Trump la paz o caerá ante sus propios aliados? Analizamos el Memorando de Entendimiento con Irán y el juego político de Netanyahu.

Me encantó cómo calificó el columnista Thomas L. Friedman al acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán firmado la semana pasada: “parece una solicitud de quiebra inmobiliaria: un acto de capitulación financiera”, algo que entiende muy bien el presidente Trump.

Parece que Irán ganó la guerra al leer el Memorando de Entendimiento (ME) de los dos países. Como dice Friedman, “Trump hizo lo que siempre hace: abandonó todos sus principios y aliados, y antepuso sus intereses personales a cualquier otra consideración”.

Concuerdo. Pero Trump tiene un “pequeñísimo” problema: para salirse con la suya, depende de los gobiernos de Netanyahu y el Ayatolá Jameneí.

Ninguno de los dos tiene incentivos para cumplir los compromisos contemplados en el ME.

Comencemos con Israel. Este país ha ocupado el sur del Líbano para enfrentar y derrotar a las milicias de Hezbolá, financiadas por Irán. El gobierno israelí ha afirmado que su Ejército mantendrá sus posiciones y “no se retirará” de la zona de seguridad establecida en el sur del Líbano porque esta ocupación es vital para proteger a sus comunidades fronterizas y prevenir nuevos ataques.

A pesar de los llamados de Trump para que Israel respete el acuerdo de alto al fuego que incluyen sus operaciones militares en el Líbano, el Estado judío ha seguido atacando a Hezbolá quien, a su vez, continúa agrediendo a Israel.

La realidad es que, hasta ahora, Trump no ha podido controlar a Netanyahu.

Y es que el primer ministro israelí es un viejo lobo de mar que lleva casi 18 años gobernando su país. Este año, a más tardar el 27 de octubre, deben celebrarse elecciones en Israel. Si Netanyahu pierde, corre el riesgo de irse a la cárcel por un tema de corrupción.

Actualmente las encuestas demuestran que la alianza de Netanyahu está por debajo de la mayoría necesaria para mantenerse en el gobierno. La oposición tendría una ventaja suficiente en el Parlamento si logra mantenerse unida.

A escena entra el ME. Los estadounidenses dejaron fuera de las negociaciones a Israel. En ese país predominan el escepticismo y la preocupación por lo acordado con el gobierno del Ayatolá. El opositor Yair Lapid ha acusado a Netanyahu de haber conseguido importantes éxitos militares para después perder la iniciativa diplomática.

Los israelíes no quieren que Irán conserve parte de su infraestructura nuclear ni que se levanten las sanciones financieras a ese país ni que se priorice la estabilidad regional y la reapertura del Estrecho de Ormuz por encima de las demandas de seguridad de Israel.

Del otro lado, con esta guerra, el gobierno iraní descubrió el gran poder que tiene al cerrar este estrecho a la navegación internacional. Esto ha causado una gran disrupción en los mercados energéticos internacionales.

En Estados Unidos se incrementó el precio de los combustibles con un impacto directo a la inflación. Y resulta que el principal tema que preocupa al electorado estadounidense en este momento es el alto costo de la vida en ese país.

En este sentido, de seguir cerrado Ormuz, se corre el riesgo de que el partido de Trump pierda la mayoría en la Cámara de Representantes, incluso el Senado, en las próximas elecciones intermedias de noviembre.

Esto lo saben perfectamente los iraníes a quien políticamente les conviene mantener cerrado el estrecho y así seguir ejerciendo presión sobre Trump y mejores condiciones en un eventual acuerdo de paz.

Por eso, a través de Hezbolá, provocan a los israelíes, quien a su vez reaccionan en el Líbano y, al no cumplirse las condiciones de alto al fuego en ese país, los iraníes cierran de nuevo el estrecho y se retiran de las mesas de negociación con Estados Unidos.

Trump ha quedado, así, atrapado entre dos enemigos mortales: Israel e Irán, ambos gobernados por líderes que tienen los incentivos para seguir combatiendo entre ellos. Netanyahu para ganar las elecciones este año, el Ayatolá para mantener el régimen político que preside.

Lo que estamos viendo es la vieja relación mitológica entre la Hubris y la Némesis.

El presidente de EEUU actuó con arrogancia extrema. Se creyó un Dios al que le ganó el exceso de confianza y falta de moderación. Después de la exitosa operación para extraer a Maduro de Venezuela, pensó que tenía el poder para derrotar al régimen iraní. Se lanzó a un conflicto bélico con torpeza y arrogancia.

Ahora estamos viendo la reacción de Némesis, restauradora del equilibrio, la que castiga la Hubris de los que acumulan demasiado poder, riqueza, éxito o soberbia y olvidan sus límites humanos.

Atrapado entre Netanyahu y el Ayatolá, Trump se está encontrando a Némesis. No está pudiendo resolver la guerra en Medio Oriente y eso lo podría llevar a una derrota electoral en noviembre de este año.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann